¡QUITA EL TAPÓN! LA CAÑA CUBREMÁS DEL 80% DE LA SUPERFICIE EN ALGUNOS TRAMOS DE LOS BARRANCOS.
La caña es tan densa, que su acumulación favorece taponamientos cuando hay lluvias fuertes, dando lugar a inundaciones. Con su eliminación mejoramos la capacidad de desagüe de los barrancos.
LOS ÁRBOLES NATIVOS CONSUMEN ENTRE 3 Y 20 VECES MENOS AGUA QUE EL CAÑAVERAL.
Se estima que la caña consume una media de 20L/m2 por día. Si extrapolamos este dato a todo el cañaveral que hay en Hermigua y Valle Gran Rey, sólo en estos dos municipios, el cañaveral consume el equivalente al 60% del agua de uso agrícola de toda La Gomera.
Al sustituir el cañaveral por vegetación de barranco, facilitamos que el agua se infiltre; las raíces retienen el agua y actúan como canales que lo dirigen hacía los acuíferos y los recargan.
LA CAÑA FAVORECE Y LE FAVORECE EL FUEGO
La caña común es altamente inflamable, alcanza altas temperaturas y propaga rápidamente el fuego. Además, tras un incendio, su rápido crecimiento le da ventaja frente a otras especies, conquistando nuevos espacios y haciendo que el resto de vegetación desaparezca.
Los árboles nativos de nuestros barrancos son muy poco inflamables, y actúan como barreras o cortafuegos verdes frente a un incendio.
UN CAMINO ABIERTO PARA LA FAUNA
Las cañas forman barreras casi impenetrables que interrumpen el desplazamiento de especies a lo largo del barranco.
Al introducir vegetación de barranco adaptada al entorno, reconstruimos un corredor ecológico que permite el movimiento de la fauna y la dispersión de flora, conectando fragmentos aislados de hábitats naturales.
La caña no deja crecer otras especies, empobreciendo así el ecosistema. Al reemplazarla por vegetación autóctona estamos recuperando un entorno más variado y rico en recursos para la fauna, por ejemplo, las aves dispondrán de ramas para anidar, espacios abiertos para cazar, etc.
RENATURALIZAR EL BARRANCO CON VEGETACIÓN AUTÓCTONA NOS PERMITE RECUPERARLO COMO VÍA TRADICIONAL DE PASO
Las masas de caña invaden y obstruyen el cauce natural, haciendo intransitables muchos tramos del barranco, tanto para la fauna como para las personas. El control de esta especie invasora, junto con la introducción de vegetación autóctona de porte más abierto y menos denso, permite recuperarlo como vía tradicional de paso, dándole así una nueva vida al barranco.
La renaturalización del paisaje mejora la calidad estética y ambiental del entorno. Con ello, se refuerza el vínculo de la población local con el medio natural, se impulsa la generación de empleo verde y se promueve un turismo más sostenible.
MUCHAS DE LAS ESPECIES NATIVAS QUE CRECEN EN LOS BARRANCOS TIENEN UN SISTEMA DE RAÍCES MÁS PROFUNDO Y DENSO, QUE EL QUE TIENEN LAS CAÑAS.
La vegetación de barranco permite, con sus raíces, sujetarse al terreno y evitar que la tierra sea arrastrada cuando hay lluvias fuertes. Si el agua circula con menos barro, esta pesa menos, restándole fuerza y velocidad (capacidad de arrastre).
SOMBRA AQUÍ Y SOMBRA ALLÁ
Aunque la caña genera sombra, no permite meterse bajo ella para guarecerse del sol. Además, sus hojas no regulan bien la temperatura. La vegetación natural de barranco genera una sombra más beneficiosa, reduciendo el calentamiento del suelo y ayudando a crear espacios más frescos y húmedos, esenciales para la vida silvestre y mitigar los efectos de las altas temperaturas cada vez más frecuentes.
UNA EXPERIENCIA QUE SE PUEDE REPLICAR EN OTROS ENTORNOS QUE ENFRENTAN PROBLEMÁTICAS SIMILARES
Las técnicas de control de caña que se utilizarán en este proyecto se están empleando en otros territorios, con buenos resultados desde hace años. En Canarias también tenemos algunos ejemplos de ello.
A medio y largo plazo, la sustitución de especies invasoras como la caña por vegetación autóctona, no sólo reduce el riesgo y aumenta la seguridad de la población del entorno. También supone una mejora ecológica y revaloriza el paisaje de las zonas de actuación, generando beneficios sociales y económicos en la zona.
Este modelo también puede servir de referente para futuros proyectos de control de caña. Recuperar nuestros barrancos ocupados por la caña, y recuperar sus ecosistemas, no es sólo una opción deseable, sino una necesidad urgente y estratégica.